Hombres

12 Ene 2016

Quiero ser padre

Enviado por Galsuinda

Mercedes es una psicologa española que nos comparte la historia de Jack, un hombre que como muchos otros ha sufrido el drama y el trauma de un aborto en carne propia. 
Esta es la historia de un caso real atendido en una clínica de ayuda psicológica. Los nombres, lugares e imágenes son ficticios pero la historia, así como la patología es 100%.
Jack rondaba los cuarenta y se encontraba en una etapa en la que ser padre es un gran sueño. Había conocido a Louise, quien ya tenía un hijo de una relación anterior, y había accedido no muy alegremente a tener un segundo hijo con Jack. Los cuatro vivían felices como una familia normal hasta que Jack descubrió que algo muy grave estaba sucediendo a sus espaldas.
Antes de desvelar el gran secreto de Louise, es mejor entender la familia donde creció. Louise era la única hija y tenía dos hermanos varones. Era la favorita de papá y tenían una relación muy cercana. A edad muy temprana Louise emigró para buscar trabajo en el extranjero y con mucho esfuerzo se graduó en la universidad. Tuvo muchos méritos académicos, pero su vida social no dejaba de ser un desastre. Tenía problemas con todas las parejas y estaba cerca de ser una mujer promiscua e inestable. Su padre, con mucho dolor, tuvo que encontrar una forma de hacérselo saber y ayudar a su hija a sentar la cabeza en el tema de sus amoríos. Inmediatamente se distanciaron y Louise empezó a odiar a los hombres, empezando por su padre. Louise agravó más su vida amorosa, tuvo un hijo natural y continuó con un comportamiento arrogante con su padre. Económicamente fuerte e independiente sentía que nada iba mal en su vida de la que sólo ella tenía las riendas de su vida, se sentía la “diosa” de su mundo.
Al conocer a Jack, Louise se lanzó rápidamente a vivir con él y con su hijo de seis años. Él aceptó con agrado ya que esperaba ansiosamente el formar una familia. Sin embargo, a los 4 años de nacer Chris, Jack descubrió que no estaba teniendo tanta parte en la planificación familiar como pensaba. Descubrió en sus cuentas bancarias que había un debito a nombre de una conocida clínica abortista. Louise había abortado recientemente a su último hijo sin haberlo siquiera mencionado. Esto supuso una inmensa tristeza para Jack que soñaba con tener otro hijo. No solo se sintió desplazado e ignorado por Louise, sino que se culpó por no haber sabido defender a su hijo, su propio hijo... Y pasó por un largo duelo por él. La pareja se separó, para Louise la prioridad era ser una mujer independiente y pisar, si fuese necesario, al género masculino pues su ella era reina y señora de su cuerpo. Para Jack, tanto la confianza, como su corazón, estaban destrozados. Llevaba una gran depresión post-traumática a causa de aquel aborto- Acudió a los psicólogos, que le recomendaron despedirse de su hijo non-nato y celebró un pequeño funeral para él. Le preparó una cajita y le escribió una carta con sus reprimidos deseos de ser padre, otra vez. Aún le esperaba a Jack un largo camino para recorrer para recuperar la confianza en cualquier mujer, y por supuesto, se aseguraría mucho antes si estaría dispuesta, como él, a formar una familia en la que los hijos supusieran un gran tesoro.

16 Oct 2015

El aborto y el papel del hombre

Enviado por Galsuinda

El gran filósofo Julián Marías lo supo expresar con precisión de cirujano: "El mayor drama social del siglo XX es la aceptación social del aborto".

Cierto. Es la madre de todas las batallas para que el hombre siga siendo hombre. La piedra de toque que nos obliga a definir nuestros valores esenciales. Aceptado el aborto, desaparecen las barreras morales.

Es, en su esencia, una batalla espiritual entre el Bien y el Mal. Este bando es dirigido por el Príncipe de las Mentiras. Y la estrategia diabólica ha elegido un foco y un instrumento.

El foco son las mujeres. Todo el mensaje proabortista está dirigido a ellas. El hombre no existe. Pareciera como si el embrión naciera de un óvulo autofecundado...

El instrumento es el inherente al Príncipe: la falsedad. Usada magistralmente en el uso del lenguaje. Cambia este y mutarán las ideas. El lenguaje esculpe nuestro cerebro. Un ejemplo lo muestra. La frase clave de la ideología proaborto: "Nosotras parimos, nosotras decidimos". Una bomba atómica que transforma un asesinato en un derecho. Manifestación suprema de ingeniería social para establecer nuevos paradigmas de conducta. La frase que, por si sola, avala el pensamiento citado de Julián Marías.

¿Dónde queda el hombre ?. Las raras veces que aparece lo hace como inductor o consentidor. Pero existe un bloque gigantesco, invisible a la opinión pública. El bloque que jamás se cita. El de la víctimas silenciosas que acompañan al feto en esta categoría.

Son aquellos a los que se les negó su derecho a ser padres. Aquellos que solo tuvieron noticia del aborto una vez realizado. Hombres que sufren también el Síndrome del Post Aborto en su raíz vital. Hombres que gritan y lloran por no haber podido gozar de SU bebé.

Transcribo el párrafo final de una carta dramática. La dirige una abortista arrepentida al padre víctima silenciosa. Léela despacio, dejándote empapar tu corazón:

"Tal vez te haya privado de una de las mayores alegrías de tu vida, tal y como me he hecho a mí misma. Y no hay palabras para describir lo cruel y egoísta que fui por tomar esa decisión sin ti... no hay palabras para expresar una disculpa con la mayor sinceridad. Por favor, perdóname."

 

Tengo un sueño. Que el siglo XXI sea el del rechazo social al aborto. Y espero que se realice, principalmente, a través de los hombres. Que tomemos la defensa de la vida como bandera y seamos intransigentes con nuestra paternidad. No hay tarea mas grande y crucial aquí y ahora. Nos jugamos la batalla final de la Humanidad.

 

Le pido a Dios que me permita ver realizado mi sueño. Y hoy te invito a ti a hacer lo mismo. Ante este reto gigantesco, creamos en la parábola del grano de mostaza y en la fuerza infinita de la oración. AMÉN.

11 Sep 2013
Muchos hombres son responsables directos del aborto -ante el silencio feminista-, por no querer hacerse cargo de sus responsabilidades e inducir a la madre a matar al hijo común. Otros -como el caso que vimos recientemente- se ven impotentes cuando querrían tenerlos, pero la ley no les concede ningún derecho si la decisión de la mujer se inclina por la supresión del embarazo.
Una historia de sufrimiento
 
El caso que recoge la bloguera católica Rebecca Frech parece responder a una tercera tipología: cuando el aborto se produce por consentimiento común de la pareja. Y también en este caso los efectos sobre la conciencia son devastadores.
 
Rebecca estaba hablando con un "viejo y querido amigo" sobre la pérdida de su hija Bernadette, cuando ese amigo se vino abajo: "Empezó a llorar y a hablarme sobre su propia pequeña. La niña que nunca conoció y a quien ama sin reservas".  Frech pidió al hombre que escribiese su testimonio de vida en silencio como "padre postaborto", y reproduce en uno de sus últimos posts la historia de esa tragedia.
 
Un día de agosto de 1988
"Amo a la niña que nunca encontré. Jamás la llevé de la mano, ni le revolví el pelo, ni le canté canción alguna. Pero la amo igualmente": así comienza la historia, anónima, del amigo de Rebecca. Quien lamenta: "No sé si es alta o baja, y los rasgos de su rostro existen sólo en mi imaginación. Estoy seguro de que el tono de su voz y la alegría de su risa rivalizan con el coro de los ángeles. Sus ojos, brillantes, serán castaños, tal vez color avellana. Pero todo eso me lo he perdido. Todo lo que tengo son memorias irreales de cuanto pudo haber sido".
 
Explica que hace veinticinco años, en el mes de agosto, esa niña a la que hoy ama "fue abortada": "Mi pequeña. Mi única hija. Una niña que agarra mi dedo hasta hoy, pero que nunca me llamará papá. Una niña que nunca sintió el abrazo protector de su padre, porque su padre le falló en el momento en el que más le necesitaba".
 
Arrepentido y reconciliado con Dios
El hombre que escribe esta historia habla brevemente de sí mismo, aunque afirma  no ser ya el que era entonces, ese niño que asistió a un colegio católico, ese adolescente convertido "en un idiota que acudía a las fiestas a emborracharse". 
9 Sep 2013
Entiendo que haya personas con una opinión diferente sobre este asunto. Pero no porque tengas una opinión diferente eso significa que tengas razón
 
El hombre que dejó su testimonio en Facebook (acreditado por distintas organizaciones provida norteamericanas) no se anda por las ramas: "Esto no va de los derechos de la mujer. Esto va de asesinato. Lo he vivido a través del aborto". Muchas mujeres abortan inducidas, incluso coaccionadas, por los padres del niño, ante la indiferencia de feministas y abortistas teóricamente pro choice [pro elección]. Pero también muchos padres varones asisten impotentes a la muerte de hijos que querrían tener. La ley no les pide su opinión. 
 
Y el caso que nos ocupa es uno de los más estremecedores: "Perdí dos gemelos en aras del 'derecho de la mujer' a abortar. No tuve nada que decir. Sentí a mis hijos en el momento en el que murieron. Fueron asesinados. La que entonces era mi novia lloró durante meses. Ella también los sintió morir. No se dio cuenta de que había 'asesinado' a dos niños hasta que estaba hecho. Su dolor fue horrendo. Se convirtió en suicida".
 
No estaba preparada
27 Mayo 2013

Los hombres y el aborto

Enviado por Galsuinda

 Cada año, desde 1974, se celebra en Washington la "Marcha por la vida" un acto reivindicativo en el que se pide la revocación de la ley Roe vs. Wade, por la que se legalizó el aborto en Estados Unidos en 1973. 

el hombre y el abortoDesde no hace mucho tiempo, Chris Aubert participa en esa marcha o en la marcha que se hace en su localidad. Lo hace consciente de lo que vale una vida después de darse cuenta de que, en lugar de los cinco hijos que le hacen inmensamente feliz, esa cifra podría ser de siete. En 1985, su por entonces novia le dijo que estaba embarazada y que iba a abortar. Él le dio 200 dólares y se marchó a ver un partido de béisbol. En 1991, la historia se repitió con otra novia. "Era totalmente irrelevante para mí", cuenta en su blog. Él creía que aquello no repercutiría en su vida, pero, un día, en la consulta del ginecólogo, viendo, con su actual esposa, una ecografía de uno de sus hijos -esta vez sí deseado-, sintió una punzada en el pecho, un arrepentimiento profundo por lo que había hecho. "Si pudiera volver atrás, salvaría a esos niños", confiesa; "Hay una mancha que no se irá de mi alma".

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